La música en vivo.

Como todos los días en un restaurante familiar, de esos económicos que tienen el menú fijo, donde ya me conocen y me preguntan cómo está mi familia. Normalmente es bastante tranquilo y puedo dedicarme a la lujuria estomacal acompañada de una buena lectura para distraerme de mis actividades laborales por una -corta pero bien apreciada- hora.

Sin embargo, una vez al mes, como la peor de las plagas, como la menstruación de las señoritas, como la siniestra luna llena,  escucho a mis espaldas el más terrible sonido que oídos humanos puedan escuchar: los acordes de una guitarra y una voz gargajienta de alguien que en un hilo contínuo de voz se presenta, se disculpa por la intrusión y comienza sus alaridos.

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Los besos.

Enfrente del lugar donde trabajo hay un parque. Sentarse en una de sus bancas para descansar unos minutos es imposible; siempre están todas ocupadas. Desde mi ventana los veo todos los días: hombres y mujeres, hombres y hombres, mujeres y mujeres, que se besan apasionadamente, sentados, horas y horas. Seguir leyendo

El Vagón de Mujeres.

Afortunadamente en la Ciudad de México, en algunas líneas de metro y en algunos horarios, existen dos vagones reservados exclusivamente a personas del sexo femenino, niños y personas con necesidades especiales. Esto nos permite viajar con la tranquilidad de que si alguien nos toca la nalga, será una lesbiana con quien podremos medir fuerzas, o un cojo que no escapará velozmente.
Yo tengo la oportunidad de subir a estos vagones todas las mañanas, y después de horas de concentración y sagaz análisis he logrado dividir a los pasajeros en las siguientes categorías:

  • La empujona.- El vagón ya está lleno a más no poder; todas las féminas nos apretamos unas a otras tratando de no alejarnos demasiado de alguno de los tubos que evitan un efecto dominó si alguien se cae. Es cuestión de segundos para que las puertas se cierren y podamos aflojar las panzas, partiendo a nuestro destino. Suena el silbido que anuncia el cierre de puertas y… es entonces que hace su aparición La Empujona.                                Se le distingue por la mirada de determinación que lleva en los ojos. Al principio es recibida con negación: “No hay forma de que alguien crea que puede caber aquí”. Después sigue la incredulidad: “¿En verdad esta señora cree que puede entrar aqui?”. La Empujona se acerca a la puerta con la típica posición de piernas abiertas bien plantadas en el piso, brazo doblado en un ángulo de 90 grados para poder abrirse paso con los codos. Pone la punta de un pie adentro del metro y empieza un frenético baile en el que se sacude, codea, empuja con las nalgas, busca espacios libres entre los pies de las demás. Las demás la miramos con coraje e incrudulidad, esperando que las puertas se le cierren y la lastimen, y poniendonos rígidas para que no nos empuje. Lo sorprendente es que Las Empujonas logran siempre su cometido y, cuando se cierran las puertas, dan un ultimo empujón general a las demás usuarias y emprenden su viaje con satisfacción y serenidad.

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El Diminutivo.

¿Qquiere decir exactamente la palabra “ahorita”?

“Ahora” significa el periodo presente de tiempo; pero es posible una versión mini-me de éste?  Un minutito tiene menos segundos que un minuto? ¿Un cieguito ve más que un ciego, o bien, es más amable? La palabra “indio” es mal considerada un insulto que denota mal gusto o poca educación, pero si  se habla de un indígena, entonces la costumbre es usar el diminutivo para sentirse mejor consigo mismo: “Dale unas monedas a la indita”. Es dificil imaginarse a unos “inditos” corriendo con metralletas por los cerros de Acteal, ¿no? Lo mismo pasa con los “cojitos” y los “viejitos”.  Puede ser que el  anciano en cuestión sea un auténtico cabrón, de esos que roban dinero a sus hijos y pretenden vender a los nietos. Pero sigue siendo un “viejito”. Aaay, un viejito.

¿Y qué decir del macho revolucionario, hombre peludo, robusto y con balas adornando su pecho, que le pide a su “madrecita” que le prepare unos “frijolitos”? ¿De dónde viene esta costumbre mexicana de usar el diminutivo? Y, sobre todo, ¿por qué tenemos esa impresión de que usando el diminutivo somos menos groseros?

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Las Gracias

Estaciono mi coche en el valet parking, me bajo y el encargado me abre la puerta, gracias joven. Le doy las llaves de mi coche y él me las intercambia por un boletito. Gracias.

Entro al restaurante donde me está esperando una señorita que me pregunta cuántos somos. Dos, gracias. Nos pide que la sigamos, nos indica una mesa y nos aclara que en un segundo llegará nuestro mesero, gracias. El mesero llega con los menús, gracias, nos pregunta qué vamos a querer de tomar: para mí una limonada…gracias. En un momentito les tomo la orden, dice, gracias, y se va. Escogemos nuestras respectivas comidas, regresa el mesero y nos toma la orden; yo voy a querer la ensalada y la arrachera…gracias. Recoge el menú de la mesa, enseguida se los traigo, gracias joven.

Minutos más tarde, regresa con una pequeña mesa que trae nuestra comida, nos pone el plato enfrente, cuidado que quema, sí, gracias. Terminamos de comer y regresa para preguntar si puede retirar el plato: sí, gracias. Le pedimos la cuenta y rápidamente coloca frente a nosotros una carpeta de piel negra, muchas gracias. Abrimos, revisamos que todo esté bien, dejamos nuestros billetes. El mesero recoge la carpeta: gracias. Dos segundos después nos la regresa con el cambio y dos caramelos, gracias.

Nos levantamos, tomamos nuestras pertenencias y nos aprestamos a salir. De salida, vemos a nuestro mesero o a la señorita que nos atendió en la entrada: ¡Hasta luego, gracias! No, ¡gracias a ustedes!

El Civismo

Cuando cursaba el primer año de secundaria había una clase obligatoria llamada Civismo. Durante la clase nos hacían leer la constitución. Creo que la profesora se confundió y nos enseñaba el primer significado de la palabra según la Real Academia de la Lengua: Celo por las instituciones e intereses de la patria.

Yo prefiero pensar que esa clase era para enseñarnos el segundo significado que da la RAE: Comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública.

Ya sé lo que todos están pensando: que México es un país altamente incivilizado. Y sí, creo que tienen razón. Aún recuerdo la vez que me desmayé en plena avenida bajándome del autobús y nadie se apresuró a tomarme el pulso o buscar mi identificación para notificar a mi familia. Seguir leyendo

El Órale

Gracias a la observación de mi sagaz novio italiano, caí en cuenta de una anormal forma gramatical frecuentemente usada en este colorido país.

¿Alguien sabe decirme qué quiere decir exactamente la palabra órale? ¿Existe en otros países hispano parlantes?

Personalmente, no lo creo.

Órale es un término críptico. Supongo que “ora” viene de la palabra “ahora”. Pero  más misterioso aún: ¿qué nos dice la terminación  –le?

En otros casos es fácil deducir a lo que se refiere. Por ejemplo, en la frase “échale ganas”, la terminación –le quiere decir “a eso” (echa ganas a tu trabajo, i.e.).

Pero en órale, su significado no es claro. Quizá es simplemente una forma coloquial de convertir la palabra ahora en verbo. Como si pudiéramos decir “¡ahorízalo!” o, en términos correctos, “¡hazlo ahora!”

Pero además, la palabra “órale” se usa en muy distintas circunstancias. Veamos algunos ejemplos:

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