El Agua.

Ya se viene el agua, dicen las doñas mientras se despiden apresurádamente antes de correr a casa a quitar la ropa del tendedero. Y yo no me acordaba que en México lloviera tanto. Practicamente desde junio hasta octubre, todos los días llueve. ¡Mitad del año!  Y es que aquí no llueve como en Europa: chipi chipi todo el día, o bien, una tromba potente y de un minuto de duración.

No: acá llueve como si Tláloc nos detestara. Y además, como si nos detestara todo el día. Abre su bocaza alineada por colmillos y de las profundidades de su garganta nos escupe un torrente poderoso de lluvia ácida. No hay forma de escapar de su furia: si se es peatón, inevitablemente se regresará a casa con los pies mojados, los pantalones enlodados y exhausto, porque la lluvia en los pies cansa como una buena llorada. Si se es conductor, entonces llegará a su destino seco, pero con un gran retraso, porque el tráfico se vuelve insoportable.

Además, en varias zonas de la ciudad, la lluvia trae consigo las tinieblas. O sea, apenas cae una gotita de lluvia y se lleva la luz, dejándonos con esa frustrante pero instintiva satisfacción de dejar la computadora, la tele, la lectura y conversar. A los europeos les sorprende que haya apagones: allá no pasa. Aquí sucede con la misma frecuencia y pasiva histeria que los temblores. Todos contamos con velas, veladoras, luces de emergencia y demás kits de emergencia para cuando suceda. Aquí la confianza en los despertadores eléctricos nunca ha existido.

El verano en México parece invierno londinense, pero menos frío. Todos sacamos abrigos, suéteres y botas para enfrentar los días grises y húmedos de agosto. Cuando vamos a algún centro comercial, mi amiga J siempre dice que es hora de que los mexicanos aceptemos que no tenemos verano: las tiendas ofrecen minifaldas y sandalias inútiles para los días fríos y encharcados.

Otra cosa que causan las lluvias año con año con año son problemáticas y cotidianas inundaciones. De dos tipos: la de la calle inundada que no causa daños pero impide el paso a los autos, y la del tipo ayer-aquí-existía-una-colonia-y-hoy-solo-un-puerco-río. Todos hemos visto imágenes de peseros varados con el agua hasta las ventanas, y escuchado en las noticias gente que relata cómo la lluvia se llevó su casa. Lo bueno es que en México estamos acostumbrados a las desgracias y sabemos cómo no morirnos y vivir para quejarnos. Tláloc se lleva en sacrificio sólo a algún viejo que agarró dormido.

Otra manía a la que nos tienen amaestrados es a almacenar agua en grandes tinas de plástico, ya que cada par de meses (y en malas épocas, hasta cada semana) cortan el suministro de agua a las casas. Bañarse a jicarazos no es una costumbre nueva para los chilangos.

Sea como sea, en algún momento del año todos ansiamos la época de lluvias, porque además de “lavar la ciudad”, como dicen, acaba con el intenso calor de mayo. Y la verdad-la verdad, a mí me encantan las tormentas eléctricas en la ciudad: nada como verla momentáneamente alumbrada por los relámpagos. Portan consigo una exquisita sensación de miedo y regreso a los orígenes. Y si estoy en casa con una copa de buen vino mexicano, pues qué mejor. Es lo que nos queda, muchachos: enfrentar al agua con vino.

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10 comentarios

  1. De todas formas, el clima de la Ciudad de México es tan agradable la restante parte del año, que nunca definiría esta ciudad como una ciudad de lluvia, “uggiosa” como se dice en Italia, y como son muchas ciudades de Europa.

    “Agradable?” diría alguien. Sí, muy agradable, el cielo, el sol, el viento de la tarde después de un día de calor, desde octubre hasta, diría, julio (que son 10 meses, de temperaturas entre 12 y 25 grados, un paraíso…). Que te hacen olvidar además de la contaminación, no te la hacen sufrir directamente.

    buen post!
    a.

  2. Cada vez me gustan más tus columnas, todo empezó como mera curiosidad y ahora me encuentro esperándola con ansia!!!

  3. Yo me acuerdo que cuando era chica (este modo mexicano de decir cuando una era niña es lindo) tenía un libro para colorear donde estaban representadas las estaciones y el verano estaba representado con una chavita con un impermeable y un paraguas… chistoso porque el verano casi siempre viene representado con niños en a playa.
    El centro de México tiene un clima fabuloso, nada que ver con morirse de calor “afoso”!!

  4. Muy buen análisis prima, igual podrías mencionar el no cerrar las ventanas del coche y aguantar el olor a humedad por semanas!! jaja cosa que me pasa seguidamente!, el descubrir nuevas goteras, qeu cada año dices qeu arreglárás pero como termina la temporada de lluvias se te olvida, y asi un círculo eterno cada verano…

    Fan fan fan

  5. Coincido con Nalleli: el blog me va gustando más cada vez. Linda evocación la del agua y el vino al final. Por igual también gozo las tormentas con su mezcla de miedo y fascinación. Saludos, Val.

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