Los besos.

Enfrente del lugar donde trabajo hay un parque. Sentarse en una de sus bancas para descansar unos minutos es imposible; siempre están todas ocupadas. Desde mi ventana los veo todos los días: hombres y mujeres, hombres y hombres, mujeres y mujeres, que se besan apasionadamente, sentados, horas y horas.

No sólo en los parques, los hay por todos lados: en el metro, en las plazas, apoyados contra un muro en la calle (lugar típico entre las trabajadoras domésticas y sus amantes, con un ojo atento para vigilar que no llegue el coche del patrón).

Y no estoy hablando de besitos rápidos con la boca cerrada. Cada beso es lento, intenso. Siempre hay un rol activo y uno pasivo. El pasivo (normalmente la mujer, si se trata de una pareja heterosexual), inclina la cabeza hacia atrás y se deja invadir por la lengua que sale de la bocaza del activo. El activo apoya su cuerpo sobre el del pasivo y, si es necesario, con un brazo se apoya sobre la banca o la pared detrás de éste, para encarcelarlo. Semejan una madre pájaro alimentando a sus crías.

Me sorprendió mucho la primera vez –de tantas- que escuché decir a un extranjero que en su país la gente no se besa tanto. Nunca pensé que en México fuéramos particularmente besucones, pero después de analizar a fondo la situación, ahora estoy convencida que aquí tenemos un respetadísimo culto al beso.

Hice uso de mi memoria y recordé que en mis encuentros amorosos con extranjeros era yo la que siempre presionaba para que duraran más los besos. Y, efectivamente, durante mis experiencias fuera de este país nunca me topé con un lugar público donde tantas parejas se besaran. Porque además, en México no nos da vergüenza besarnos. Muy por el contrario, es objeto de orgullo personal: Mírenme, yo sí beso y ustedes no, lero lero.  Puedo hablar con seguridad sólo de Italia, pero creo que en la mayor parte de los demás países es lo mismo: el beso para ellos es un mero trámite, y para los mexicanos es una finalidad. ¿O será simplemente una diferencia más entre el primer y el tercer mundo?

Probablemente podríamos decir que la Ciudad de México es la Capital del Beso. Después de todo, acabamos de arrancarle a Londres el Record Guinness al mayor número de personas que se besan, logrando reunir casi 40,000 besucones contemporáneamente. Además, el famoso Callejón del Beso en Guanajuato es parada obligatoria para los turistas, y la canción en español más veces traducida a otros idiomas, Bésame Mucho, fue compuesta por la mexicana Consuelo Velázquez.

A mí también me encantan los besos. No entiendo a quién podrían no gustarle. Y por supuesto, mientras más duran, mejor. Será que, indudablemente, en México le tenemos miedo al sexo, y por eso valoramos tanto otras manifestaciones de cariño erótico. Será que nos sentimos solos y necesitamos sentirnos queridos. Como sea, no sería mala idea iniciar la exportación del beso. Reclutamos cientos de voluntarios mexicanos que se vayan a distintos países extranjeros a enseñarles cómo se besa. ¿Quién dijo yo?

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8 comentarios

  1. Ya merito te llega tu gafufo pa’ que te lo beses como debe ser!

  2. ¿Y qué me dices del primer beso? Ese jamás se olvida. Mi primer beso fue uno de esos apasionados, aunque no quería que me viera nadie. Tan especial fue, que pasé esos primeros meses de la prepa viendo al techo y pensando en ese beso (tenía 14!).
    Me encanta ser parte de una cultura que aprecia el beso, ¿que no saben los osculofobos (palabra inventada) que besar te alegra el alma?

    • Bueno, los primeros besos creo que son universales, pero quizá no se les da la misma importancia que aqui. No sé. Yo también me considero una osculófila. :)

  3. no hay nada mejor que ser orgulloso y dar un buen beso en la calle, en la mesa con tus suegros, haciendo fila, en el super, mientras caminas por la calle, hasta en misa….sin miedos, sin penas. El beso es la mejor manera de perderse por unos segundos de todo; es la droga más barata, un orgasmo público, una delicia!

    Me apego a tu propuesta.

  4. Yo voy, yo voy, si me “asignan” Japón, China ó Corea (obvio del sur) doblemente gustoso.

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