La música en vivo.

Como todos los días en un restaurante familiar, de esos económicos que tienen el menú fijo, donde ya me conocen y me preguntan cómo está mi familia. Normalmente es bastante tranquilo y puedo dedicarme a la lujuria estomacal acompañada de una buena lectura para distraerme de mis actividades laborales por una -corta pero bien apreciada- hora.

Sin embargo, una vez al mes, como la peor de las plagas, como la menstruación de las señoritas, como la siniestra luna llena,  escucho a mis espaldas el más terrible sonido que oídos humanos puedan escuchar: los acordes de una guitarra y una voz gargajienta de alguien que en un hilo contínuo de voz se presenta, se disculpa por la intrusión y comienza sus alaridos.

Voy a ser odiosa, amargada y cínica: odio la música en vivo mientras estoy comiendo. La Odio. A menos que no sean los Pixies rejuvenecidos veinte años, o Juan Luis Guerra antes de hacer música cristiana, me rehúso a depositar mis sudadas monedas en el vasito de plástico del autonombrado músico.

En el instante mismo de su anunciado arribo yo procedo a mirar al cielo (aunque no sea religiosa es un importante gesto para imprimir drama a la situación), suspirar resignadamente y cerrar de golpe mi libro mientras mascullo insultos que se mezclan en mi boca con el agua de jamaica. Durante los diez o quince minutos que Voz Gargajienta nos deleitará, yo seré incapaz de leer, escuchar mis propios pensamientos, ordenar más limones y/o hablar por teléfono.

Después tienen el valor de pasar a tu mesa, mirarte fijamente y decir buenastardesgustacooperar sacudiéndote en la cara el vasito de plástico con dos monedas dentro. Antes hacía como que buscaba rápida e inutilmente en los bolsillos, después pasé a sonreirles y decirles amablemente “no tengo”. Pero he llegado al límite de mi paciencia, y ahora mi respuesta es “no”.

A veces, en algunos lugares, los músicos incluso hacen cola para tocar en el mismo lugar. Entonces la variedad musical pasa del universitario que canta éxitos de rock mexicano ochentero, al viejito barbón que confía en la nostalgia del bolero, al par de adolescentes armados de güiro y autoestima sobrevaluada.

No, no y no. Prefiero leer. Prefiero escuchar la conversación de mis acompañantes. Prefiero otro grupo. ¿En qué momento se puso de moda la música en vivo en cada restaurante? Y ahora que se pusieron de moda las terrazas en los cafés y restaurantes, la situación se ha agravado. Deberían de organizar una votación apenas llegan: “A ver, de todos ustedes que se encuentran en un radio de cinco metros de mi guitarra, ¿quienes quieren apostar por mi talento y después premiarlo capitalistamente?”.

Ah, pero como en toda regla personal, existe una excepción: la marimba. La marimba, especialmente durante un desayuno en alguna ciudad colonial, es perdonada y humildemente aceptada. Todos los demás, por favor vayan a practicar su talento a lugares cerrados.

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6 comentarios

  1. También el buen trío se agradece…. la voz aguardentosa jamás! y menosssss cuando en lugar de cantar gritan… pero cuando estás lejos recuerdas esa mezcla de sabores, olores y sonidos con más cariño (siempre que se trate de un buen trío o una buena marimba).

    • Creo que es más romántica la idea de la música en vivo en los restaurantes, que lo que es en realidad. Es lindo ver una plaza llena de terrazas, cafés, músicos…pero cuanto estás sentado frente a la guitarra, se vuelve insoportable.

  2. Yo creo que mientras no sea alguien contratado por el lugar y que está consciente que su trabajo es amenizar y tocar música DE FONDO y acorde al lugar, esos músicos de banqueta deberían ser retirados de las calles.

    En realidad son muy molestos… incluyendo el metro!!

    Por otro lado, los buenos músicos que hacen más agradable el ambiente y no interrumpen tu plática, lectura, pensamientos, etc. son muy agradecidos y admirados. Concuerdo con la marimba.

    • No sé, retirarlos quizá sí es muy drástico. Creo que bastaría con que los dueños de los restaurantes tuvieran conciencia sobre lo que es molesto y lo que es agradable.

  3. Uta, y qué me dices de los restaurantes con “show de variedad”. No se si en el DF hayan muchos, pero en los estados es clásico el restaurante familiar donde los domingos se juntan las familias a compartir largas comidas que van de 3 – 5 horas, y donde el lugar está acompañado de música en vivo, pero toda una producción, nada de músicos ambulantes casual. Y cantan todos los éxitos de las cumbias y baladas de todos los tiempos. Igual son super cagantes, porque en muchas ocasiones se trata de muy buenos restaurantes.

    En fin, yo te apoyo.

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