Los Olores.

Para qué crearles falsas esperanzas: en este post voy a hablar muy mal de mi país. No voy a tocar los olores de copal, ni el del cilantro apenas cortado, ni el de las tortillerías. Y es que hay que reconocerlo: México tendrá olores ricos, pero casi todos se encuentran escondidos bajo la melma de hedores de ciudad. Basta caminar por cualquier calle para que distingamos el delicado olor del escape del pesero que nos tosió en la cara, los vapores de carne de perro que están cocinando en el puesto afuera del metro, o bien, la esencia de fruta podrida que exhalan las banquetas de nuestra ciudad. Si nuestra ciudad fuera una calcomanía rasca-huele, tendría el olor que dejan los mercados cuando se van: fruta vieja mezclada a basura y desagüe.

La verdad es que la Ciudad de México ya no es la ciudad más contaminada del mundo (y de hecho en niveles de contaminación está por detrás de muchas ciudades que les sorprendería ver en esa lista), pero sigue siendo una ciudad sucia. Y la suciedad se traduce en mal olor.

El otro día me comí unas papas en la calle y me quedé con la bolsita de plástico llena de salsa picante en la mano. Me puse a buscar un bote de basura, y ¿qué creen? No había uno sólo en cinco cuadras a la redonda. Me acerqué a un puesto callejero de comida y pregunté a la Doña si tenía basurero. Su respuesta aún logra asombrarme. Me dijo “tírelo ahí en el arbolito”. Como si el arbolito reciclara el plástico con salsa Valentina. Como si el arbolito tuviera en sus raíces un triturador de basura. Como si, pudiendo tirarlo en el concreto, fuera aún mejor tirarlo a la sombra del arbolito.

Cuando intenté educarla, me puso mala cara. Pero eso me pasa a mí darme aires de educadora. Dos puestos más allá, con el famoso cocinero de perros de afuera del metro, me permitieron tirar mi bolsita en su cubeta, la cual probablemente terminó vaciando sus entrañas en las coladeras de la ciudad. De ahí proseguí mi camino dentro de los vagones de metro, que, sobra decirlo, huelen a humano pegajoso y cansado.

O sea, cuando se es peatón en la Ciudad de México, no hay forma de saltarse el baño diario.

Entre el propio sudor por la caminada, los dedos que huelen a papita frita, los pies cochinos por las banquetas, el denso vapor humano que se adhiere a la piel en el metro y la tos de los autobuses, uno llega a casa oliendo igual que si hubiera pasado el día revolcándose en un tiradero. Así que cuando un exiliado me sale con que “extraña los olores de México” y entrecierra los ojos imaginándose una papaya, a mi me dan ganas de meterle la nariz a la coladera de mi baño, para que se acuerde bien bien lo que se huele acá todos los días.

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10 comentarios

  1. Ya sabes que estoy por la mitad de acuerdo. Porqué? La ciudad olerá feo, muy feo, parece casi lapalissiano en una ciudad tán grande, pero hay muchisimos lugares (nisiquiera los más fresas lo saben) donde quedarse a disfrutar del aire (vease C.U, Coyoacan y similares) sin quedar contaminados. Y no todos tienen cover.

    Los extranjeros pueden ayudar a los mexicanos a “saborear” mejor su tierra, a ver sus lados esconditos (no solamente los lados de una papaya) y muchos logros extranjeros ayudan y ayudarán a progresar hacia una buena “limpieza” (ecologica) en la vida mexicana. Espero todavía que no se haga en el sentido del olor mentolado de un baño de un hotel obscenamente lujoso, sino en el sentido de la misma calle, de los mercados y tianguis, que sì te marean, pero no solamente por el olor a podrido. Hay veces que te marean porqué saben de lo verdadero olor a fruta!

    • Hmm. Pues no sé qué responderte. Lo que sí sé es que yo DIARIO percibo un olor feo, y los olores buenos los huelo digamos una vez cada quince días. Pero me da gusto que como extranjero tengas esa visión de México.

  2. Me gustó esta nota. Para proveer otra punta de vista extranjera: estoy de acuerdo que México es un asalto de olores — no necesariamente malos, pero fuertes. Como es caminar a la vuelta de mi casa, donde hay una fila de puestos… fruta vieja mezclada con carnitas mezclada con aceite y grasa. A veces es demasiado, especialmente cuando hace tanto sol y estás sudando y no puedes escapar el olor de cerdo bañado en aceite caliente. Ugh. También he notado que hay “bolsillos” de aire feo en la cuidad (parece que los olores de Mexico DF es mi proyecto personal pero te lo juro que no lo es) — bolsillos que huele a pura basura. Hay uno a dos puertas de mi casa. Lo odio.

    Por lo general me gustan los olores de la ciudad. Especialmente la entrada de una panadería.

  3. Yo odio la basura, que es la fuente de muchos de esos olores. Odio los platos de unicel, las bolsitas, las botellas y los vasos de plástico! Odio la desfachatez que tenemos los mexicanos de tirar basura en bolsas enoooormes negras, a su vez llenas de bolsas más chicas (como matrioshkas para pepenadores) incubando todo tipo de cochinadas a temperatura ambiente. Puede ser que yo desperdicie un poco más de agua pero enjuago las cosas antes de tirarlas, las separo, y evito el exceso de bolsas en el super, y compro huevos en cartón y no en esqueletos de plástico donde podría mandar esferas de navidad a China sabiendo que van a llegar bien. Odio imaginarme el olor de una lata de atún casi vacía a los 5 días de estar en una bolsa de basura al sol. Lo de la señora del arbolito me escandaliza, pero me escandaliza, lo triste es que los demás lo hacen igual, aunque no tengan el descaro de aconsejarlo.

    • Bueno yo soy muy cuidadosa con el reciclaje, pero luego veo que meten toda la basura junta al camión de la basura. O bien, veo que en la basura del edificio donde vivo la gente no respeta el “orgánico” y el “inorgánico”. Creo que sí sería indispensable mejorar la cultura del desecho en México.

  4. Que triste…y sin embargo, es la realidad…. auncuando existieran voluntarios y se colocaran botes de basura en puntos estrategicos…casi siempre terminan vandalizados o quiza el destino de esa basura sea un “relleno sanitario” en algun rio cercano… :(

    • Si, ya sabemos que en la ciudad lo unico que funciona es poner la imagen de una virgen para que la gente no tire más basura en ese lugar. O construir una ciudad de super lujo sobre el tiradero (como en Santa Fe).

  5. Yo creo que el arbolito ya se riega con salsa Valentina y tiene por fruto paletas de Veromaguitos las cuales tampoco son muy nutritivas que digamos (aunque se me acaba de antojar).

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